Valiendo Maíz: la comedia como trinchera contra el racismo urbano
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Valiendo Maíz: la comedia como trinchera contra el racismo urbano
Como parte del Aula Abierta de interculturalidad en el ITESO, integrantes del colectivo Valiendo Maíz presentaron su proyecto de comedia indígena para confrontar el racismo urbano, cuestionar estereotipos en Guadalajara y abrir el diálogo sobre desigualdad y diversidad en la ciudad.
Sara Ezzy
Antonio Hayuaneme García Mijarez subió a la tarima del Auditorio M1 y contó chistes con crítica social que levantaron risas y abrieron la conversación en torno a los estereotipos sobre los pueblos originarios en la urbe: “Nací en Guadalajara, lo cual significa que soy tan tapatío como cualquiera [...] Nuestros psicodélicos son rituales que nos conectan con el cosmos y nuestros antepasados, mientras que los de los blancos te dejan tirado dos días afuera del Bar Américas [...] A la gente blanca le gusta nuestra cultura, nuestro arte, nuestros textiles… yo no sé cómo los wixaritari no estamos gentrificando ya la Colonia Americana [...] Mucho se dice de los pueblos originarios de la ciudad, pero la invitación al día de hoy es que mejor nos escuchen a nosotros”.
Después, el egresado de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Gestión Pública se sentó a “hablar en serio” y el tono del conversatorio cambió para dar paso a su diagnóstico: Guadalajara tiene un modelo antiindígena, en el que la urbe se asume moderna mientras desplaza a los pueblos originarios hacia el atraso, la pobreza o estereotipos folclorizantes que los reducen a meras danzas y misticismos.
El activista y comediante explicó que la empatía institucional se acaba en el momento en que se exige el cumplimiento de derechos: “ahí dejamos de ser el buen salvaje para convertirnos en sujetos que estamos exigiendo”.
Frente a esta discriminación estructural y a la caricaturización de los medios comerciales, nació Valiendo Maíz, un proyecto colaborativo que, con el impulso de Raúl Acosta, egresado del ITESO, y la asesoría de comediantes profesionales, transforma el humor en una trinchera de resistencia.
Lejos de ser un producto sobre indígenas hecho por ajenos, la iniciativa surgió desde adentro: recuperó las anécdotas dolorosas de racismo cotidiano vividas por integrantes de diversas comunidades en la ciudad para convertirlas en sketches. Así, entre la precariedad económica y las complejas jornadas laborales de sus participantes, Valiendo Maíz utiliza la comedia no sólo para entretener, sino para devolverles la voz a quienes forman parte de los pueblos originarios que viven en la ciudad.
Tras la apertura de García, el resto del equipo compartió sus perspectivas. Jazmín, luciendo un vestido bordado a mano y con una sonrisa en el rostro, contrapuso la cercanía de su comunidad natal en Santa Catarina, Jalisco, con las complejidades de la ciudad. Sus reflexiones se trasladaron al público con la proyección de videos que se reprodujeron entre cada una de las intervenciones.
La comediante Pay explicó que el proyecto descartó el modelo hegemónico del stand-up individual para apostar por una orquesta de voces colectiva. Desde la experiencia diversa de la migración y el racismo en la ciudad —señalando la bandera de México en el auditorio para cuestionar qué significa “ser mexicano” en el marco del 15 de septiembre—, remarcó el reto de desarmar narrativas discriminatorias para que las futuras generaciones indígenas encuentren un reflejo positivo.
Lázaro, encargado del lenguaje audiovisual, destacó el aprendizaje de crear sin la necesidad de guiones técnicos tradicionales ni la pretensión de dirigirse a un público mestizo. Definió el humor como “una enzima que ayuda a digerir temas complejos” y señaló la urgencia de mirar de frente el racismo interiorizado en Guadalajara.
Acosta explicó su acercamiento desde la antropología especulativa, destacando su sorpresa ante el tono de la propuesta: en lugar de un discurso agotado, encontró una búsqueda de empatía y comunidad basada en un humor colaborativo.
Sobre el alcance del colectivo, se aclaró que en las etapas de consulta participaron cerca de 50 personas de diversos pueblos originarios, provenientes de comunidades wixaritari, nahuas, mixes y mixtecas, entre otras.
En cuanto al uso de la comedia para reflexionar sobre la discriminación, Jazmín relató que, en su convivencia en la ciudad con otros indígenas en el deporte, es común reírse de las experiencias compartidas para transformar el dolor en alivio colectivo.
Antonio Hayuaneme y Pay explicaron que el proceso implicó constantes diálogos, guiones autocensurados y el reto de reflejar el racismo estructural sin olvidar que tras el humor existen heridas históricas.
Durante el diálogo se abordó el tema de la identidad cuando un asistente preguntó qué significa ser mexicano para las comunidades originarias. García respondió que para el pueblo wixárika su identidad es como una doble nacionalidad sin derechos, en la que una cultura milenaria contrasta con un Estado que buscó borrar sus identidades. Para profundizar, Lázaro citó a la autora mixe Yásnaya Elena Aguilar, recordando que la categoría “indígena” es una condición política de naciones sin Estado. Al respecto, Acosta advirtió sobre los peligros del paternalismo: asumir a las comunidades como sujetos a proteger perpetúa esquemas de jerarquía, cuando el objetivo debe ser la igualdad y el respeto a sus derechos.
Desde la perspectiva de género, Antonio y Jazmín abordaron las complejas capas de exclusión que atraviesan las mujeres indígenas. Él rindió homenaje a su mamá, doña Benita, quien sacó adelante a su familia lavando ropa y vendiendo arte en la ciudad, motivos por los cuales el proyecto buscó priorizar la participación de mujeres. Jazmín compartió su historia de violencia y separación de pareja, visibilizando la falta de información intercultural sobre los derechos de las mujeres en la ciudad: “es muy difícil ser mujer wixárika, ser mamá, trabajar en la ciudad y sufrir racismo”. Enfatizó que su participación busca abrir caminos para que sus hijas y las nuevas generaciones de mujeres no teman exigir un trato digno.
Ante preguntas sobre las reformas educativas, Antonio señaló la falta de sentido entre el derecho a la educación y la realidad en las comunidades indígenas, donde el racismo institucional impide la preparación adecuada en las escuelas. Francisco Talavera, profesor del Centro de Formación Humana y quien abrió las puertas de su clase para esta sesión de Aula Abierta, remarcó que esta causa sigue siendo de suma urgencia ante la violencia que el crimen organizado ejerce en sus territorios y la incapacidad de las autoridades para atenderlos respetando su idioma y cultura.
Finalmente, respecto a cómo la población mestiza puede apoyar un estado multicultural, Jazmín hizo un llamado a la empatía y Antonio propuso garantizar salarios justos al trabajo del hogar, evitar el regateo a artesanos, cuestionar los estereotipos de los algoritmos en redes sociales y apostar por una ciudad multicultural y con respeto mutuo.
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