“El teatro puede ofrecerle a la humanidad la ocasión de recordar que alguna vez fuimos personas”
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“El teatro puede ofrecerle a la humanidad la ocasión de recordar que alguna vez fuimos personas”
El dramaturgo Luis de Tavira participó en el X Encuentro del Humanismo y las Humanidades en ITESO, en el que reflexionó sobre la importancia del teatro en una época gobernada por la lógica de la productividad. Para el creador escénico, nunca ha sido más urgente reivindicar aquello que hace de las personas seres libres, conscientes y capaces de reconocerse en los otros.
Diana Alonso
El concepto de “persona” tiene un origen teatral. La palabra proviene del griego prosopón (πρόσωπον) que significa “la voz viva detrás de la máscara, el aliento”. Para Luis de Tavira, dramaturgo, director y ensayista, no es casualidad que haya sido en aquel espacio donde los seres humanos aprendieron a reconocerse como criaturas únicas e irrepetibles, capaces de imaginar su propia esencia y, por lo tanto, de asumir su libertad.
Explicó que cuando el actor encarna al otro toma conciencia de que existe una identidad distinta a la propia. También descubre la capacidad de comprenderla, representarla y compartirla con los espectadores. En ese encuentro entre actor, personaje y público se produce un intercambio que, en palabras del dramaturgo, siempre ha estado rodeado de misterio. Algo propio de un arte "edificado con cuerpos vivos, vivido al tiempo y semejante al sueño".
Con esta visión, De Tavira comenzó su participación en el X Encuentro del Humanismo y las Humanidades, titulada “La sobrevivencia del teatro en la era de la deshumanización. Importancia de la formación de la persona en la educación superior”. Más que una lectura, su intervención se asemejó a un soliloquio, una reflexión sobre la condición humana y el papel que el teatro puede desempeñar frente a las diversas crisis contemporáneas.
Señaló que las máquinas aparecieron como una promesa de liberación: asumirían las tareas que consumían el tiempo de las personas para que estas pudieran dedicarse a aquello que las hace verdaderamente humanas, como la reflexión, el arte y el trabajo entendido como el acto de creación.
“Pero qué otra cosa es el arte, sino el reconocimiento de la facultad humana que ha conseguido transformar la realidad. Esa acción que llamamos trabajo, a través de la cual la humanidad no sólo ha conseguido satisfacer la necesidad de la sobrevivencia, sino que ha fundado la conciencia de su propia dignidad al reconocer en sí misma esa capacidad espiritual de humanizar la materia, tanto como de materializar lo humano”, señaló.
De Tavira advirtió que en las sociedades modernas (guiadas por el capitalismo), ya no importan las personas ni los objetos, sino los precios y las ganancias. El trabajo se redujo a un medio de producción y las máquinas ahora dictan el ritmo de la vida cotidiana. Así, las personas se convirtieron en servidoras de un sistema centrado en la acumulación, en el que lo importante ya no son los procesos ni los vínculos, sino la productividad y el beneficio económico.
En consecuencia, "lo propiamente humano va convirtiéndose en un desecho industrial" y "la máquina es la constante, el hombre la variable en el agotamiento de la modernidad".
Aseguró que, aunque podría pensarse que una realidad dominada por la producción en serie y la lógica del mercado terminaría por condenar al teatro a la desaparición, ha ocurrido lo contrario. Precisamente por ser un arte basado en la presencia, el encuentro y la experiencia compartida, ha intensificado su potencia artística y humana.
Ajeno a las dinámicas industriales, el teatro conserva una condición artesanal y comunitaria que lo vuelve resistente a los criterios de eficiencia y rentabilidad. En él, sostuvo, aún es posible experimentar vínculos humanos reales y compartir una experiencia que sólo existe mientras ocurre.
Explicó que a finales del siglo XX y principios del XXI, esta disciplina atravesó un proceso de "transteatralización", una radicalización que la llevó a reencontrarse con su esencia. Dejó de ser un fenómeno de masas para convertirse en una experiencia compartida entre pequeñas comunidades. "Lo que pierde en alcance numérico es proporcional a lo que gana en poder artístico", afirmó. De este modo, el teatro recupera una de sus funciones originales. "Deja de ser entretenimiento transitorio para recuperar su condición de acontecimiento provocador de efectos duraderos", sostuvo.
Porque, aunque su naturaleza sea efímera, De Tavira considera que pocos espacios conservan hoy la capacidad de recordarle a la humanidad que alguna vez estuvo integrada por personas y de "soñar que la vida podría ser intensa todavía".
La participación de De Tavira formó parte de la segunda jornada del X Encuentro del Humanismo y las Humanidades, organizado por el ITESO. Su intervención se presentó dentro del cuarto de los seis planteamientos que articularon el encuentro, titulado “Posturas desde lo intencionalmente humano: arte literario, arte dramático, filosofía y espiritualidad”, desde el cual se reflexionó sobre el papel de las humanidades y las expresiones artísticas ante un contexto marcado por transformaciones sociales, culturales y tecnológicas.
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